Piano Real Pro para Android

Una app sencilla que parte de un ejercicio académico. Un piano con sonidos grabados en estudio profesional. Actualmente disponible con 3 instrumentos diferentes:

  • Piano de cola.
  • Xilófono.
  • Banjo.

Ha sido ideada pensando en pianistas o aficionados al instrumento que buscan una app sólida para ejercitarse en sus ratos libres desde el smartphone. Disponible para Android desde la versión 2.2 en adelante.

Sus características incluyen:

  • Su diseño responsive se adapta al tamaño de tu dispositivo. Se ve bien en cualquier smartphone o tablet Android.
  • Puedes ajustar el tamaño de las teclas manualmente para adaptarlas al tamaño de tus dedos.
  • 7 escalas y media por las que puedes desplazarte, como las de un piano real.
  • Cuenta con un botón pedal para mantener (o no) el eco de las notas mientras tocas.
  • 100% libre de publicidad.

Descargar gratis en Google Play

Puedes descargarla desde el siguiente link o haciendo click en la imagen de debajo: https://play.google.com/store/apps/details?id=com.imadesk.pianorealpro

Piano real pro disponible en google play

La Purga Política – El Juego

A medio camino entre la crítica política y la fantasía húmeda de un perroflauta gamer, os dejo aquí la primera beta de un juego que tengo pensado terminar de desarrollar para publicarlo en Google Play y el App Store de Apple. Con un característico estilo pixel-art, el objetivo del juego es impedir que una suerte de políticos y expolíticos españoles (además de una hitleriana Angela Merkel) se lleven tu pasta a un paraíso fiscal en Panamá.

¡Evita tocar a los banqueros, o tu dinero terminará en un fondo buitre!

El juego está hecho en html5, así que puedes jugarlo desde tu pc o mac haciendo click en el botón jugar de debajo (es gratis, madafaca). Le he añadido controles táctiles, por lo que también es compatible con la mayoría de smartphones, así que no tienes excusa.

Portada La Purga Política

Cómo objetivos de futuro, están:

  • Añadir un modo historia con descripciones y nuevas ilustraciones para cada personaje.
  • Completar la lista de políticos para que nadie se quede con las ganas de purgarlos.
  • Sacar nuevas versiones o añadir otros modos historia con políticos de otros países latinoamericanos si veo que existe interés.
  • Cambiar la música y los sonidos por otros más adecuados para la temática. Actualmente utilizo composiciones cedidas por mi buen amigo Tim Wallace para la beta.

Cambiar una vida para cambiar el mundo

¿Alguna vez te has parado a pensar en tu potencial para cambiar el mundo? No me refiero a imaginarte como el protagonista de una película de acción salvando el mundo del villano de turno, sino a analizarlo fríamente.

Si lo has hecho, seguramente ya te has dado cuenta de un secreto a voces: no puedes. Y no, que recicles tu basura no cuenta. La triste realidad es que, en un planeta habitado por más de 7.000 millones de personas, lo que la mayoría somos y seremos capaces de lograr en toda nuestra vida no tendrá un gran impacto en el mundo.

No es así como funcionan las cosas. Incluso las personas que sí tienen poder e influencia global, como podrían ser el presidente de Estados Unidos, la estrella pop del momento o tu actriz favorita, forman parte de un enorme engranaje de personas e intereses, lo que nos lleva de nuevo al punto de partida.

Yo sí podría cambiar el mundo, lo que pasa es que no me da la gana, que no te enteras papu.

Yo sí podría cambiar el mundo, lo que pasa es que no me da la gana.

Esto puede resultar desilusionante para algunos, para mí es todo lo contrario. Cuando dejas de mirar al cielo es cuando empiezas a fijarte en lo que hay en el suelo. Nos pasamos la vida pensando que estamos cerca de conseguir un cambio, que la oportunidad para demostrar de lo que somos capaces está a la vuelta de la esquina, y al final lo único que pasa es la vida.

La reflexión no es mandarlo todo a la mierda porque nada de lo que hagamos tendrá sentido, sino entender algo tan simple como esto: si cambias el mundo de una persona no cambias el mundo, pero estás cambiando un mundo.

Al estilo de Cadena de favores, pero mucho menos cutre.

Al más puro estilo Cadena de favores, pero menos cutre que la peli.

El acto tan simple y cotidiano de ayudar a alguien que lo necesita probablemente se nos olvidará pasados unos días, pero para la persona ese gesto puede tener un valor incalculable. Si pasáramos menos tiempo pensando en lo que podemos hacer para cambiar el mundo, y más tiempo haciendo cosas por la gente que tenemos a nuestro alrededor, probablemente nos iría un poco mejor a todos.

Intoxicación alimentaria en Tailandia

Ya hacía varios días que había llegado al país de las sonrisas, pero había leído y escuchado tantas historias sobre la comida callejera en Tailandia que no me atrevía a dar el paso.

Los primeros dos días sobreviví a base de comida rápida y productos del 7-Eleven, para ir poco a poco descubriendo la gastronomía típica en restaurantes y locales que parecían interesantes. Ningún problema, más bien al contrario, me gustaba cada vez más y me maldecía por haber desperdiciado los primeros días de mi viaje comiendo lo mismo que podría comer un sábado cualquier en mi ciudad.

Pero la comida callejera era mi talón de aquiles. Si un plato de pad thai te cuesta entre 80-100 baht (2,20€-2,70€) en un restaurante, en un puestito callejero el precio oscila entre los 30-40 baht, una diferencia a tener en cuenta.

Quizás por esto, porque no me gusta comer en plena calle o porque normalmente huyo de las aglomeraciones de gente, y a las horas de comer estos sitios suelen llenarse en zonas transitadas, pues no me animaba. Y si no hay nadie todavía es peor, me fío menos. Mi truco es buscar una relación coherente de clientes/espacio vital. Y por supuesto, cuanto menos occidental, mucho mejor. Los tailandeses saben los sitios que están buenos y tienen un precio razonable, hay que fiarse de ellos.

Aquí te dejo algo que te alegre la vista antes de que empiece lo incómodo.

Aquí te dejo algo que te alegre la vista antes de que empiece lo incómodo.

Mala suerte

En una de mis desgracias aventuras por la provincia de Chiang Mai, me encontré en la autopista regresando a mi apartamento para cenar pasadas las 11 de la noche, a partir de esa hora ya empiezan a cerrar los sitios de comida y las opciones se reducían. No quería arriesgarme a acabar en un burguer o comprando comida en el 24 horas, y como una amiga acababa de enseñarme a comer con palillos el día anterior -y digo enseñarme, muchos creemos que sabemos y parecemos enfermos de Parkinson-, estaba deseando poner mi nueva habilidad en práctica… ¿Sería el momento de probar también la comida en un puestito callejero?

Entonces vi lo que parecía uno de los típicos carros-cocina donde los puestos callejeros preparan los platos, metido a medias en un local pequeño, apenas un par de mesas y una tele. La cocina del carrito estaba aparcada dentro del sitio, que parecía un garaje reacondicionado, y hacía las veces de mostrador. En los fogones, una venerable ancianita con más arrugas que años.

El sitio era ligeramente mas pequeño pero parecido a este... Sin toda la decoracion motera, claro ;)

El sitio era ligeramente mas pequeño pero parecido a este… Sin toda la decoracion motera, claro 😉

¿Qué podía fallar? En esta vida, uno tiene que tener claro que si lo que quieres es alegrarte la vista, debes elegir a la chica más joven y guapa que veas. Ahora, si quieres un buen masaje, una buena comida -hablo en términos culinarios- o un buen servicio en general, la elección correcta es la señora más vieja del lugar. Con toda probabilidad lleva tantos años dedicándose a su oficio, que a fuerza de experiencia el resultado será razonablemente bueno.

Por eso mismo, y tras comprobar que dos de las tres mesas estaban ocupadas por locales, me animé a entrar y pedir un plato de pad thai para llevar. La señora no hablaba ni una palabra de inglés, pero llamó a una chica joven que resultó ser su nieta y me confirmó que abrían a diario. Pagué mi pedido a precio de calle, 30 baht, y me dirigí muy contento a mi hotel a disfrutar del plato con palillos.

No le eché ninguno de los condimentos que la señora me incluyó en la bolsa por separado, salvo por eso, me comí hasta el último trozo, incluyendo las verduras crudas que usan a modo de guarnición. Craso error. 20 minutos después me di cuenta de que algo no iba bien: empezó a subirme la temperatura corporal y sentía fuertes retortijones en el estómago.

El malestar iba en aumento, desistí de salir de nuevo esa noche, me acosté e intenté dormir. Cabe mencionar que todavía no había relacionado lo mal que me empezaba a sentir con lo que había cenado, lo achaqué al día tan loco que había tenido, pero dejé la papelera cerca por si acaso.

El único acierto de esa noche, porque poco después de conseguir dormirme me despertaron fuertes arcadas… Por resumir, y porque tampoco es cuestión de ser muy gráfico en este aspecto, deciros que durante toda la noche y todo el día posterior de todos los orificios de mi cuerpo por los que pueden salir cosas, salieron cosas. Me levanté por la mañana como si tuviera una señora resaca. Estaba mareado, tenía la visión borrosa y me costaba caminar derecho. Si a eso le sumas que tiritaba de frío e iba con una sudadera a casi 35 grados a la sombra, pues empecé a acojonarme.

En la farmacia únicamente me recetaron ibuprofeno, y yo por mi cuenta me hice un suero con agua, limón, sal y azúcar para salir del paso.

Evita problemas con la comida

Y no pude comer nada sólido hasta el tercer día desde aquella improvisada cena callejara. Desde entonces la cosa ha cambiado considerablemente, he aprendido a disfrutar de las bondades de la comida típica en puestos callejeros, pero siempre tengo muchísimo cuidado al escoger el sitio donde comprar. Más o menos estos serían mis pasos a seguir para comer y beber en Tailandia:

  1. Bebe agua embotellada, es barata y la encuentras en cualquier 7-Eleven o supermercado, todos ellos abiertos 24 horas en zonas turísticas.
  2. Ojo donde tomas café y batidos, cualquier bebida que lleve agua será del grifo. Con el café no he tenido problemas, pero los batidos de fruta callejeros sí le sientan mal a algunas personas.

    Eso incluye el hielo de las bebidas heladas.

    Eso incluye el hielo de las bebidas heladas… ¿Pero cómo te resistes a esto por menos de 1 euro/dólar?

  3. No compres alimentos ya cocinados en puestos callejeros sin gente cerca. Los productos siempre son frescos, no tienen nevera, así que se cocinan a diario. A no ser que acabe de abrir, pueden haber estado ahí horas, dándoles el sol y rodeados de moscas. ¡Que aproveche!
  4. El picante. No se si me he explicado bien. EL PICANTE. Ahora sí. No solo es que se utilice mucho en la cocina, es que los tailandeses tienen mucha tolerancia y es muy fuerte para el paladar occidental promedio. En zonas turísticas lo suelen tener en cuenta y te lo ofrecen aparte. Cuanto más local el sitio, más frecuente será que lo tengas incorporado en la receta. Pero tranquilo, que siempre te ofrecerán aparte otros tres o cuatro tipos de condimentos picantes con tu plato de comida por si te sabe a poco. En vez de escribirlo, te lo explico con unas imágenes:
    Esta es una sopa de noodles que compré para llevar en una casa-cocina que queda cerca del sitio donde resido ahora: 35 baht (menos de 1 euro/dólar).

    Esta es una sopa de noodles que compré para llevar en una casa-cocina que queda cerca del sitio donde resido ahora: 35 baht (menos de 1 euro/dólar).

    No una...

    No una…

    Ni dos...

    Ni dos…

    Condimento picante 3

    Sino tres salsas picantes para un plato de 1 euro (esta casi me funde las muelas).

    Y que no se te olvide el azúcar y el chili en polvo, por si todavía puedes respirar.

    Y que no se te olvide el azúcar y el chili en polvo, por si todavía puedes respirar.

Yo vine al país a quedarme un tiempo prolongado, esta pequeña intoxicación alimentaria no trastocó mis planes ni me desarmó el viaje, pero si vienes con los días contados razón de más para ser cuidadoso. Sobra decir que a un tailandés no le pasa nada aunque haga todo lo de arriba, estos son unos consejos para gente primeriza o con el estómago sensible que quiere evitar pasarlo mal en su viaje.

Si eres de los que ya solo les matan las balas de plata, no te preocupes. Salvo por el picante, no tienes que tener más cuidado con la comida que visitando otros países asiáticos o latinoamericanos.

Y si me aceptas un consejo, no te pierdas la deliciosa gastronomía tailandesa. Ya sea en la calle, en restaurantes o en sospechosos garaje-cocinas regentados por ancianas, encontrarás sabores y mezclas interesantes. Una cocina práctica que se inspira en buena parte de la tradición culinaria asiática pero con un estilo propio.

¿La mejor cocina de Asia?

Es algo que me preguntan mucho, una de tantas historias que se cuentan de oídas sobre el país. Siendo objetivos, la cocina tailandesa es variada y combina carnes, verduras y cereales en sus recetas, pero es como la sociedad tailandesa: directa. Huye de los matices, y se nota. El tiempo de elaboración de sus platos raramente excede los 15 minutos entre que lo pides y lo tienes en la mesa recién preparado, con todo lo que ello conlleva. A medio plazo, casi todo te sabe igual.

En Tailandia no se utiliza la sal para dar sabor, en su lugar los platos se condimentan con azúcar y una variedad de opciones picantes. Los tailandeses abusan del picante como hace 50 años en nuestro país se abusaba de la sal en las comidas. Si le preguntas a cualquier tailandés te dirá que la comida sin picante no tiene sabor (literalmente).

Tampoco se diferencian las comidas, la gente come lo mismo para desayunar que para cenar. Al final, en su mayoría son platos únicos que se basan siempre en los mismos ingredientes preparados de forma algo diferente.

¿Y a qué viene esto como respuesta sobre la cocina tailandesa? Porque esto llega a su máxima expresión cuanto más te adentras en el país. Los tailandeses pasan una gran parte del tiempo en la calle, y casi siempre comen allí. Hay variedad de opciones que utilizan como snacks. En zonas turísticas encontrarás también opciones variadas para comer, desde restaurante vegetarianos, de cocina ecológica, comida rápida, italiana, etc. Pero a medida que te sumerges en el país esto desaparece, las opciones culinarias se reducen a lo que consume el público thai.

Eso significa media docena de platos con sus variantes, todos ellos picantes.

El tema da para un reportaje propio sobre la cocina tailandesa (o zonas concretas que conozco bien como Chiang Mai) con fotos y descripciones de distintos platos, así que cuando tenga la oportunidad ampliaré la información e incluiré el link aquí.

Como utilizar tu smartphone en Tailandia

Una de las primeras preguntas que les viene a la cabeza a los de la generación WhatsApp -y a más de uno que ya peina canas- cuando piensa en irse al extranjero. ¿Y mi teléfono móvil? ¿Cómo matar las decenas de horas muertas en aeropuertos, estaciones de tren, trayectos en taxi o mientras esperas que te sirvan un delicioso plato de comida orgánica traída directamente de la huerta a tu mesa?

Vale, lo admito. Esto lo he metido un poco sin venir a cuento, ¿pero a que da envidia de la sana que hasta el pan sea ecológico y hecho a mano y te salga menos de 2 euros?

Vale, lo admito. Esto lo he metido un poco sin venir a cuento, ¿pero a que da envidia de la sana que hasta el pan sea hecho a mano allí y te salga menos de 2 euros? Y compara el tamaño con los cubiertos, este señor Sandwich se come las tres hamburguesas más grandes que tenga el McDonalds a la venta y le queda sitio para el postre.

Pues evidentemente, con tu smartphone de última generación. No vas a ser tan gilipollas y antiguo de hablar con el de enfrente, para eso ya habrá tiempo cuando estéis a 10.000 kilómetros de distancia y podáis poneros a whatsappear agusto, hombre.

Pero dejando a un lado las coñas, sí que existen muchos motivos de peso para que este punto sea importante y delicado en la planificación de un viaje. Para empezar, porque si como es mi caso huís de todo lo que huela a turista, y por ende de los viajes organizados, las visitas guiadas y demás engañabobos, utilizar un servicio de GPS se vuelve imprescindible, especialmente en Tailandia, donde el inglés brilla por su ausencia fuera de las zonas turísticas. O si quieres alquilar un vehículo y no perderte en el tercer círculo del infierno sin posibilidad de retorno, si necesitas estar en contacto directo con gente de tu entorno o si te llevas el curro de viaje… Cada uno tiene sus motivos y todos son importantes. Y oye, que entrar en tus redes sociales, actualizar tu olvidado blog personal o revisar tu bandeja de entrada es algo que se agradece en momentos de extremo aburrimiento. Y leer el Marca también hostias, que diría mi colega el culé*.

* Le llamamos el culé no porque sea del Barcelona, sino porque es gay y un pijoprogre de cuidado, de toda la vida ha sido del Tete y del Madrid, con lo que el mote jode más, que es lo bonito de un buen mote. Cabe destacar que lo bautizó así su novio del instituto y actual pareja, así que nada de señalarme con vuestro dedo acusador y tacharme de homófobo y opresor perpetrador del patriarcado.

Pues bien, lo primero que te van a recomendar es una tarjeta Happy Sim. Lo del nombre le debe venir porque a quien haces feliz es al dueño de la compañía. La tarjeta en sí no está mal, pero de velocidad va justita, y te la venden para turistas en formato de 7 días de caducidad por 299 baht (no llega a 8 euros) con 1,5GB de datos y 100 baht de crédito para llamar. Si vas a estar 4 días en el país pues te da igual, a poco que sean un par de meses te vas a estar gastando casi 32 euros al mes por un consumo que difícilmente sobrepasarás en ese período de tiempo… Y si lo haces, háztelo mirar, porque irse de viaje al otro lado del mundo para pasarte el día pegado a la pantallita como harías en casa… Tiene delito.

Esta es la famosa Happy Sim, válida únicamente durante 7 días.

Esta es la famosa Happy Sim, válida únicamente durante 7 días.

También ofrecen el mismo plan con el doble de datos para 15 días, pero ni todos los establecimientos donde venden Happy Sims los tienen ni supone ahorro alguno sobre la anterior. 599 baht por 15 días de teléfono sigue siendo excesivo para largas estancias.

¿Qué te recomiendo yo? Pregunta por TrueMove. Tienes la posibilidad de comprarte una sim permanente, que te costará 49 baht, y comprar alguno de sus excelentes planes prepago. Yo, como no utilizo el teléfono y cuando quiero llamar tiro de Skype o de la llamada del WhatsApp, elegí este plan X, que me costó 399 baht por 30 días. Incluye 3GB de internet a velocidad ilimitada -y puedo corroborar que va como una bala, mejor incluso que en España- superior a los 20mb/seg, una gozada las búsquedas instantáneas en Google Maps o descargarse la bandeja del correo de forma casi inmediata.

Esta es la tarjeta sim prepago de TrueMove. Y sí, yo tampoco entiendo nada de lo que dice el paquete.

Esta es la tarjeta sim prepago de TrueMove. Y sí, yo tampoco entiendo nada de lo que dice el paquete.

¿Lo mejor? Si te pasas de la tarifa sigues podiendo utilizar el 3G en tu móvil sin coste adicional dentro de estos 30 días con una muy aceptable velocidad de 124 kbps. De resto funciona como una sim normal, si quieres llamar le recargas el saldo que quieras. Aquí no puedo ayudarte porque yo esa opción no la utilizo apenas, pero las tarifas son muy baratas, no tendrás problemas. Recargando 5 o 10 euros al cambio tienes para hablar horas tranquilamente.

Este es el plan que yo elegí, el de 3GB. Tienes dos precios dependiendo de si quieres 1GB o 3GB.

Este es el plan que yo elegí, el de 3GB. Tienes dos precios dependiendo de si quieres 1GB o 3GB.

Actualización: no lo sabía y ha sido una grata sorpresa. Si tienes contratado cualquier plan de TrueMove, tienes acceso gratuito a su red wifi de alta velocidad. Se limita a centros comerciales, aeropuertos y zonas bastante específicas, pero doy fe que la velocidad merece la pena. Si encuentras un punto wifi cercano a donde te estés quedando, hazlo por ti o por mí, pero ponte a descargar como si el mundo se fuera a acabar mañana.

Tienes una buena variedad de planes con esta compañía, yo elegí este porque era la mejor opción para mis necesidades, soy un cabeza loca, me suelo encontrar metido en aventuras a menudo y no son pocas las veces en las que he dado gracias al cielo por tener un teléfono con conexión a internet allá donde voy. Al cielo y a Google Maps.

Para que te hagas a la idea, el mismo plan pero de 1GB te cuesta 199 baht, y el de 6GB, 699 baht. Éste último es una barbaridad, pero lo menciono porque si te pasas de los 6GB puedes seguir navegando a 374 kbps… No se tú, pero 374 kbps es mejor que mi plan de datos en España de “máxima velocidad”, aunque soy de Tenerife y allí se hacen las cosas de otro modo. Me dijeron en 2010 que el mes que viene ponían fibra óptica en mi calle y a día de hoy sigo esperando. Eso sí, la calle paralela a la derecha y la calle paralela a la izquierda sí que la tienen desde hace años…

¿Podré usar mi WhatsApp?

La pregunta del millón, lástima que la respuesta sea tan corta: . El WhatsApp se vincula a tu dispositivo, no a tu número de teléfono, así que podrás seguir utilizándolo exactamente igual que con tu sim actual, sin perder los chats ni los contactos.

¿Y dónde compro la tarjeta sim thai?

En el propio aeropuerto podrás hacerlo si eres de los más previsores, es la apuesta más segura junto con adquirirlas en sus propias tiendas oficiales, aunque en el país de las sonrisas no abundan como sí ocurre en muchos países europeos. En Bangkok será un poco más fácil, fuera solo las tendrás en centros comerciales, y no en todos. Lo más fácil es preguntar en alguno de los 7-Eleven que han invadido Tailandia como las cucarachas invaden la casa de un anciano con síndrome de Diógenes.

Recomendación importante, ojito con el vendedor o vendedora de turno. Si ves que empieza a dudar no te lo pienses, sales del sitio y buscas otro donde veas que tienen el proceso de activación clarísimo. Yo lo hice cuando me pasé de Happy a TrueMove un par de veces hasta que me cansé, y a pesar de que veía en las caras de las hasta 4 dependientas que me estuvieron atendiendo en un 7-Eleven que no lo tenían para nada claro, decidí arriesgarme. Resultado: casi dos horas esperando mientras daban vueltas por los ajustes del smartphone, llamaban al servicio técnico y esperaban el cambio de turno hasta que llegara “la que sabía de esto”… ¿Y para qué? Para que finalmente una amable chica que sabía algo de inglés e intervino al ver la dantesca escena me recomendara ir a un centro oficial a que me lo resolvieran.

Otras 2 horas y 110 kilómetros más tarde, estaba en el cuarto piso de un enorme Central Plaza batallando en una tienda oficial de la empresa por el mismo motivo hasta que pudieron resolvérmelo.

Y conseguí activarla. Hay pocos problemas que no tengan solución en esta vida y uno tan simple como este no iba a ser la excepción. Mejor, porque ya me veía pagando doble comprando otra Happy Sim como castigo por haberme querido ahorrar unos baht. No fue así, pero las casi 6 horas de mi vida perdidas y el depósito de la moto, ¿quién me los devuelve?

Las risas a pesar de los nervios sí me las cogí -a posteriori-, y de aquí saqué una curiosa relación con una nueva amiga, pero eso es otra historia y la contaré en otra ocasión.

Como vi morir a dos personas delante de mí

Esta no es una entrada fácil de escribir. 22 de diciembre de 2015, una fecha que seguramente tardaré tiempo en olvidar, si lo consigo alguna vez. No voy a escribir tonterías pseudofilosóficas ni entrar en un plano metafísico, simplemente narraré mi experiencia para recordarla ahora que puedo ver en mi mente cada detalle, y quizás a ti pueda interesarte.

No se si conocerás Pai, un -ya no tan- recóndito poblado situado a 3 horas de coche al norte de Chiang Mai, que se ha ido haciendo conocido por su fuerte influencia y pasado hippie, y desde hace un par de décadas era una visita obligada para muchos viajeros que buscaban una experiencia más espiritual en Tailandia.

La historia del lugar cuenta que un grupo de hippies y almas libres que adoraban el país de las sonrisas montaron una fiesta a la orilla de un río en medio de la selva. Cantaron, bailaron, bebieron y se drogaron durante días, y la experiencia fue tan inolvidable para ellos que, a partir de ese momento, quedaron en reunirse todos los años en la misma fecha para celebrar de nuevo sus ganas de vivir y compartir su felicidad con los demás. Y sí, obviamente es el mismo río al pie del cual se encuentra hoy el entrañable asentamiento de Pai.

Como podrás sospechar, el aumento de su popularidad y su aparición en toda clase de guías para viajeros ha provocado lo de siempre: ahora es un lugar donde, si bien puedes intuir el espíritu original con el que se concibió, ves demasiado turista de toda la vida y mucha, mucha pose.

De l@s que parecen alérgic@s al agua, visten como nietos caucásicos de Bob Marley, llevan rastas y luego se sientan en la terraza de la cafetería para sacar -y enseñar- su Macbook Pro de última generación y su nuevo Iphone sobre la mesa los ves a patadas. Y esto solo es un ejemplo, pero en general mucha gente desesperada por demostrar a los demás -y a sí mismos, supongo- que son superdiferentes, superoriginales y superespirituales de la vida. No es que sea algo malo, ves lo mismo en cualquier Starbucks de tu ciudad, pero si vas allí buscando un trozo de planeta donde los años 60 siguen vigentes -como he leído por ahí-, pues te equivocas de sitio.

Por otro lado, los paisajes son espectaculares, abundan los sitios con personalidad y hay alojamiento inolvidable si buscas bien, pero de eso ya hablaremos en otro artículo. He hecho esta pequeña introducción sobre el sitio para poder entrar en materia sin dar tantas explicaciones.

Solo deciros que la carretera que lleva hasta allí es famosa por sus 762 curvas y su accidentado recorrido. Parece estar en permanente (re)construcción además, por lo que a grandes trechos sin asfaltar debes sumarle la enorme cantidad de obreros, maquinaria pesada y camiones situados en varios puntos del recorrido. Por ello es inevitable encontrar el asfalto lleno de tierra, arenilla y agua cuando te aproximas a estas zonas. Y el tráfico diario de estos camiones, de los autobuses que llevan a los turistas y de las furgonetas de suministros, ninguno de los cuales ha oído hablar jamás del límite de carga, provoca que las carreteras estén en un estado lamentable.

Llenas de señores baches de hasta 15-20 cm de profundidad y piedras en el camino, y tampoco se respetan los carteles que prohiben adelantar. La mayoría de la gente hace el trayecto como puede, esquivando los agujeros del suelo mientras invaden el carril contrario y adelantan sin miramientos.

Bachecitos de nada como este...

Bachecitos de nada como este…

O este. Y no pude sacar fotos a los peores porque estaban en zonas peligrosas, y no voy a jugarme ka vida por sacarle una foto a un agujero del suelo. Para hacerte a la idea sirve.

O este. Y no pude sacar fotos a los peores porque estaban en zonas peligrosas, y no voy a jugarme la vida para sacarle una foto a un agujero del suelo. Para hacerte a la idea sirve.

Solo hay un camino que lleva hasta Pai, tiene únicamente dos carriles y te encuentras permanentemente al borde del acantilado montañoso que rodea la totalidad del recorrido. Razones más que de sobra para conducir con precaución, ¿verdad?

Yo no soy el más indicado para dar lecciones de conducción a nadie, aquí puedes leer un artículo sobre como aprendí a conducir en Tailandia sin carné ni casco (todavía no publicado, cuando lo termine edito y añado el link), pero sí lo hago con sentido común, en este caso concreto cediendo el paso a todos los vehículos de cuatro ruedas que tenía detrás, aminorando la velocidad en curvas cerradas y desniveles del camino, y en general tratando de invadir lo menos posible el carril contrario, algo inevitable en algunos puntos, me temo.

La madrugada del 22 de diciembre me encontró despierto a las 5:30 de la mañana sin necesidad de despertador. Había quedado con un grupo de dos australianas y un francés que había conocido unos días antes en Chiang Mai, y como quería visitar de nuevo el sitio en cualquier caso, pues me animé a emprender el camino de unos 150-160 kilómetros en una scooter de 125cc.

Llegué un poco antes de las 10 de la mañana, y tenía pensado marcharme sobre las 15:30 para evitar que la noche se me echara encima en la infame carretera que os describí antes, en Tailandia a las 18:00 empieza a anochecer y antes de las 19:00 ya es noche cerrada. También elegí esa hora para evitarme los momentos de mayor tránsito de vehículos, así evitas tragar 4 kilos y medio de tierra mientras te adelantan a 90-100 km/h.

Mucha gente que viene al país se anima a vivir aventuras y hacer algunas locuras que nunca harían en casa, típico es el caso de alquilar una moto para dártelas de campeón de Moto GP.

Acerté con la hora, puesto que casi no vi vehículos de cuatro ruedas, pero varios conductores de motos debieron pensar lo mismo que yo, y empezó el desfile de las dos ruedas. Hay gente que sabe conducir y se nota. Llevan motos de buena cilindrada y están bien equipados con ropa y casco adecuados. Te adelantan con seguridad y hacen el trayecto a una velocidad impensable para novatos que valoramos nuestra vida, no se me ocurriría jamás ir a más de 100 por hora ni de lejos en una carretera como esta, la verdad. El riesgo no merece la pena, pero entiendo que alguien que hace el trayecto 5 veces por semana lo ve de manera diferente.

Pronto empecé a ver mucho turista europeo y asiático, la mayoría sin casco y cogiendo las curvas a bastante velocidad. Yo seguía a mi ritmo, y casi dos horas después de salir coincidí con un grupo de tres motos, cinco personas en total. Dos parejas chico-chica y un tercero solo con su moto. Asiáticos, todos llevaban gafas de sol y ropa que les cubría del sol, pero ninguno tenía casco.

Llevaban motos de gran cilindrada, de esas estilo competición, y -para variar- también cogían las curvas y los desniveles a demasiada velocidad, pero yo, que mantenía siempre el mismo ritmo entre 50-70 km/h, siempre me los acababa encontrando.

Las motos eran muy parecidas a esta, aunque la del accidente en concreto era negra y roja.

Las motos eran muy parecidas a esta, aunque la que encabezaba el grupo, era negra y roja.

Casi podría decir que hicimos el trayecto juntos durante más de media hora, en la cual ellos me adelantaban a mí y luego yo a ellos una y otra vez. Parecían estarse divirtiendo, y especialmente la primera moto del grupo, que conducía un chico llevando a su pareja detrás empezó a “picarse” conmigo. Me adelantaba de forma temeraria, en descensos, en trozos sin asfaltar llenos de baches y piedras… Decidí aminorar para dejar que me sacaran algo de terreno. Y así fue, los perdí de vista.

Debieron hacer una parada o aminorar también la marcha, porque 15 minutos después me los volví a encontrar, los adelanté y decidí acelerar yo un poco para perderlos de vista.

Y entonces sucedió. Había llegado a una de las zonas más accidentadas del recorrido, y en ese momento me encontraba bajando con cuidado una pendiente muy inclinada. El terreno, sin asfaltar, se encontraba muy deteriorado por el paso de los vehículos, lleno de baches, piedrecillas y tierra fina. Vi un reflejo en el retrovisor, me dio el tiempo justo para dar un volantazo hacia la izquierda y ver como la misma moto que encabezaba el otro grupo me pasaba a toda velocidad.

Ni 20 metros delante había una curva cerradísima, casi 180 grados. Me salió un grito ahogado de la garganta. Vi al chico que conducía girando bruscamente la moto para coger la curva… Y perdió el control. Supongo que por el pánico, el conductor apretó ambos frenos mientras la moto ya se encontraba inclinada sobre la curva.

Automáticamente empezó a derrapar, y la chica que le acompañaba se cayó al suelo, mientras literalmente la moto le caía encima de la cabeza. En ese momento no vi nada más, no tuve tiempo de pensar. Clavé el freno trasero de mi scooter y ni siquiera me preocupe en apagar el motor o bajarle el pie, bajé de un salto y me acerqué corriendo mientras escuchaba el sonido sordo de mi propio vehículo aterrizando sobre el suelo.

No quiero ser muy gráfico en este punto, pero la tierra alrededor de la cabeza de la chica estaba cubierta de sangre. No sabía si mover la moto sería peor para ella, así que saqué el teléfono para llamar a una ambulancia -suerte que mi amiga Tao me dio varios contactos útiles de hospitales y mecánicos 24 horas-, y mientras intentaba hacerme entender en inglés con la persona que me atendió al otro lado de la línea, llegó el resto del grupo. Gritando se abalanzaron sobre la moto para levantarla, descubriendo el cráneo hundido de su compañera. La otra chica del grupo empezó a llorar desconsoladamente arrodillada a su lado mientras ambos chicos me hablaban en lo que creo que era chino. Ninguno sabía ni pizca de inglés, así que seguí las instrucciones de la enfermera que me atendía para buscarles el pulso, mientras les hacía señas para que se calmaran y se dieran cuenta de que estaba pidiendo socorro.

A todo esto, el conductor de la moto yacía de espaldas en el suelo, completamente estirado. Casi ni había reparado en él, parecía tener la típica postura de quien se cae al suelo dándose un golpe y se queda tumbado esperando que se le pase el dolor. No había sangre ni nada que hiciera sospechar que estaba herido, seguía con sus gafas de sol y su capucha puestas. Intenté encontrarle el pulso sin éxito, y así lo indiqué mientras al otro lado de la línea me confirmaban que mandaban una ambulancia, que señalizara con unas ramas el accidente y que esperara allí porque los de la ambulancia entendían un poco de inglés pero nada de chino.

15 minutos después apareció una ambulancia, que pasó de largo. Tal cual, todavía no doy crédito. Entiendo que, tratándose de hospitales privados y de una carretera única, pues seguramente se dirigiría a atender otra llamada en Pai o cerca del poblado, ¿pero ni parar un segundo para preguntar o ver si pueden prestarnos alguna ayuda?

Nuestra ambulancia llegó casi una hora y media después, para entonces la sangre vertida era de un color mucho más oscuro, casi seca. A la amiga de la víctima parecían habérsele acabado las lágrimas, y los tres permanecían cabizbajos en silencio alrededor de la escena.

Se bajaron dos personas del vehículo, y me confirmaron la defunción de ambos en un tosco inglés. No levantaron ni tocaron más los cadáveres, me indicaron que debían llamar a la policía y otras cosas (other things, mister), y que podía marcharme.

De malas decisiones está este sitio lleno.

De malas decisiones está este sitio lleno.

Recogí mi moto del suelo un poco más atrás, casi la había olvidado. Había dejado el casco en el hotel, así que me puse las gafas de sol, la mascarilla para evitar tragar tierra y arranqué la moto. Mientras me alejaba de aquel grupo de gente no podía evitar pensar que una parte de mí se quedaba allí con ellos.

No estaba asustado ni tampoco especialmente triste. Era la sensación de tener los sentidos embotados, como desorientado. Paré un momento, me puse los auriculares con el álbum House of Balloons en repetición continua, subí el volumen y seguí mi camino.

Las 5 cosas que todos echamos de menos antes de morir

Tenía este artículo en mi lista de pendientes desde hace muchísimo tiempo. Al tener una red de blogs bastante grande, me paso el tiempo recopilando información y fuentes interesantes para dedicarles un post en el futuro. Hoy he decidido rescatar del baúl de los recuerdos una extraordinaria lección de vida: aquellas 5 cosas que todos echamos de menos antes de morir.

Pero retrocedamos un poco, ¿de dónde surgen estos 5 puntos y por qué decido escribir sobre ello ahora? Todo empezó con un blog de una ex-enfermera llamada Bronnie Ware que trabajaba en la zona de cuidados paliativos de un hospital, y contaba su experiencia tras años y años acompañando enfermos durante sus últimas semanas de vida. Parece que con el tiempo ha reconducido su carrera, sustituyendo su blog de reflexiones por una web que lleva su nombre y en la que se dedica a ofrecer conferencias y vender libros de autoayuda, por lo que aquella valiosa información gratuita parece haberse perdido sobre una capa de marketing.

Afortunadamente, guardé en un archivo de Word aquellos 5 puntos que, según su experiencia, se repetían una y otra vez en forma de lamentos o arrepentimientos que les quedaban a las personas que cuidó durante la última etapa de su vida. Te los resumo y explico a continuación:

Hombre arrepentido

1- Me habría gustado tener la valentía de vivir la vida que realmente quería vivir, no la que otros esperaban de mí.

Según la enfermera, este lamento era el más común de todos, no entendía de edades ni de sexos. Cuando nos quedamos sin tiempo y echamos la vista atrás, nos damos cuenta de la enorme cantidad de sueños que nos quedaron por cumplir, y por supuesto de todas aquellas decisiones que tomamos no porque era lo que deseábamos, sino porque es lo que se espera de nosotros.

Elegir una determinada carrera, un trabajo, un lugar para vivir e incluso un estilo de vida con el que no estamos de acuerdo en nuestro fuero interno únicamente porque se supone que es lo que uno debe hacer, lo que tus padres, tu familia o la sociedad en su conjunto te dicta, es una de las peores sensaciones de arrepentimiento que podemos sentir en esta última etapa.

Ware reflexionaba al respecto diciendo que debemos cumplir todos los sueños que podamos, porque en el momento en el que la salud nos falla ya es demasiado tarde.

2- Me gustaría haber trabajado menos y haber disfrutado más.

Este lamento también se repetía insistentemente, especialmente en hombres. Se habían perdido la infancia de sus hijos, la compañía de sus esposas y un sinfín de cosas hermosas que la vida podía ofrecerles por estar centrados en su trabajo.

Al final de tu vida no son los ahorros lo que te llevas a la tumba, sino todo aquello que has vivido. Está bien pensar en los tuyos, en su bienestar presente y futuro, pero quizás sería bueno pararnos a reflexionar hasta que punto lo que hacemos es beneficioso para nosotros y nuestro entorno, y cuando es el momento adecuado para decir basta y ofrecernos la posibilidad de disfrutar de tiempo libre junto a los nuestros.

3- Desearía haber tenido el coraje suficiente para expresar de forma sincera mis sentimientos.

Es muy frecuente reprimir nuestros sentimientos, bien sea porque pensamos que nuestro entorno más cercano no los va aceptar o porque sabemos a ciencia cierta que será así.

Pero al final tu vida es tuya, de nadie más, e indudablemente es demasiado corta como para prohibirnos sentir y comportarnos como realmente queremos, porque cuando el tiempo se te esté acabando te darás cuenta de que tu propia vida te resulta ajena, vacía, carente de sentido. Solo hay una persona que indistintamente te acompañará desde el primero hasta el último de tus días, y esa persona eres tú. Quizás deberías dedicar algo más de tiempo a conocerte y a mimarte tal y como eres.

Incluso si tu familia, amigos o pareja no lo aceptan, el problema es suyo y no tuyo. Piensa si estás dispuesto a sacrificar lo que eres únicamente porque los demás piensan que deberías ser de otra manera.

4- Me gustaría no haber perdido el contacto con mis amigos.

Es en momentos como este cuando más nos acordamos de toda aquella gente que conocimos en el camino y nos marcaron para siempre. Decía Wave que una infinidad de sus pacientes ni siquiera pudieron despedirse de sus amigos por ser incapaz de localizarlos, el tiempo había pasado y acabaron perdiendo el contacto para siempre.

El ritmo de vida que vivimos, las obligaciones que tenemos -y creemos tener- acaban subiéndonos sobre un tren de vida que nos empuja en muchos casos a abandonar a nuestros seres queridos y personas cercanas a nosotros sin apenas darnos cuenta. Es bueno darse cuenta a tiempo y cuidar las relaciones que realmente nos importan, porque en última instancia cuando queramos arrepentirnos puede ser demasiado tarde.

5- Tendría que haberme permitido ser más feliz.

Al final, todo se resume en esta reflexión. Puede que no sea la más contundente, pero sin duda es la más intensa. La felicidad es una elección, un estilo de vida. Es buscarnos a nosotros mismos sin importar nada ni nadie.

En fotografías, en nuestras redes sociales, en nuestras reuniones con amigos y familia, perdemos el tiempo fingiendo una felicidad que no sentimos mientras impedimos que nuestros verdaderos sentimientos afloren y salgan a la luz. Permítete ser feliz, porque de lo contrario no serlo por elección propia sí hará que te arrepientas para siempre.

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Podría terminar con una reflexión personal al respecto, pero creo que en este caso las palabras sobran, se las dejo a otros que han vivido algo con lo que nadie quiere enfrentarse e indistintamente todos pasaremos. Hasta la próxima.

 

El frío atrae los turistas al norte de Tailandia

Si comentaba hace poco el ligero descenso del turismo, provocado -entre otras- por el reciente atentado del templo de Erawan (Bangkok) y a la ya no tan reciente inestabilidad política que viene arrastrando el país desde el golpe de Estado de 2014, al menos para la opinión pública internacional, parece que el norte es un oasis en esto del turismo cultural.

Esta misma semana, el Parque Nacional Doi Inthanon, que posee el pico más alto del país y constituye la cadena montañosa que separa Myanmar de Tailandia, reportaba los más de 3.000 visitantes diarios que están recibiendo.

Y me pregunto yo: ¿quién querría perderse esta vista a menos de 39-40 grados a la sombra?

Y me pregunto yo: ¿quién querría perderse esta vista a menos de 39-40 grados a la sombra?

Esta cifra, superior a la del año pasado por estas fechas, es considerablemente mayor a las previsiones realizadas, y mejora las expectativas de cara a la atracción que supone el país de las sonrisas para un turismo diferente al que internacionalmente reconocemos en los medios de comunicación.

No son los únicos, otros organismos como la Royal Agricultural Station Angkhang se han beneficiado de este aumento en el número de visitantes en una temporada que ya de por sí se considera alta.

Desde la Oficina para la Salud Pública de Chiang Mai (que sería más o menos la traducción del nombrecito al español), ofrecen por un lado una serie de recomendaciones para evitar incendios y otros accidentes forestales por descuidos, mientras advierten del descenso de las temperaturas, que ya en otros años han provocado algunas muertes de turistas poco precavidos.

El alcohol, por contra de lo que muchos piensan, disminuye la temperatura corporal y nuestra percepción del frío. Puede que te parezca obvio si sabes que es un potente vasodilatador y por tanto el percibido aumento de la temperatura no es tal, sino que es resultado de este proceso, y de hecho la disminuye a nivel interno. Algo que parecen desconocer los turistas que se emborrachan durante las horas más frías de la noche, dado que más del 85% de los casos de muerte por hipotermia en Tailandia se producen bajo los efectos de tan preciado líquido.

Como dice el humorista Leo Harlem, el agua te da la vida, pero el alcohol te da una vidilla… Salvo cuando te mata, añadiría yo.

Cómo me estafó un taxista tailandés

Bangkok, siete menos cuarto de la mañana. Una hora tan buena como cualquier otra para desembarcar en la capital tailandesa tras casi 8 horas encerrado en una avión proveniente de Abu Dhabi.

Una pijada la pantallita que te acompaña en todos los vuelos de Etihad Airways

Una pijada la pantallita que te acompaña en todos los vuelos de Etihad Airways.

Tras esperar alrededor de 25 minutos en una de las interminables colas de inmigración, el policía detrás del puesto me hace una señal con la cabeza para que me acerque, no sin antes ponerse una mascarilla blanca. Debió de verme cara de latinoamericano, porque en cuanto comprobó que era español se retiró la mascarilla y sonrió levemente.

Todo correcto, recojo mi maleta, me dirijo a la casa de cambio más cercana en el aeropuerto y convierto 100€ en 3.520 baht (el cambio a 01/12/2015 era de 35.2 baht por euro). No quiero ni pensar en el hecho de que el año pasado por estas fechas el cambio superaba los 39 baht por euro cambiado. Y según indican todos los expertos, el euro seguirá perdiendo valor a lo largo de todo el 2016. Mal momento para hacer turismo low-cost si tu cuenta bancaria se alimenta de la moneda única europea. El cambio siempre es algo más bajo en el aeropuerto, échale un vistazo a este artículo sobre el valor de las monedas y billetes tailandeses (se actualiza cada poco) para estar pendiente del cambio más reciente, tanto en dólares como en euros.

Pues bien, ni corto ni perezoso me dirijo a la parada de taxis, cojo número y pocos minutos después aparece un taxi de color rosa con un simpático conductor que no paró de hacerme preguntas durante todo el trayecto. Le dije que me dirigía al área de Ratchada, donde me encontraría con una amiga a la mañana siguiente. Entre que su inglés no era nada del otro mundo y que era mi tercer día sin dormir más allá de algunas pequeñas cabezadas en el avión, la comunicación prometía.

Uno igualito a ese fue el que me la metió doblada. Eso sí, todo sonrisas...

Uno igualito a ese fue el que me la metió doblada. Eso sí, todo sonrisas…

Por algún motivo, se partía de risa mientras le decía que no había planificado nada y que mi itinerario lo iría improvisando sobre la marcha. Viéndolo con perspectiva supongo que estaba saboreando lo que consideraba -con toda la razón- un negocio redondo. Y es que a pesar de preguntarle en varias ocasiones si conocía la zona y podía recomendarme una guesthouse barata para pasar unos días, empezó a dar vueltas buscando sin éxito algún alojamiento.

El taxímetro rozaba ya los 700 baht, que al cambio obtenido en el aeropuerto son unos 20 euros -una barbaridad para un taxi en Tailandia- cuando por fin se detuvo delante del primer sitio donde me alojé en el País de las Sonrisas, Park Residence, asegurando que era un sitio baratísimo y fiable. El como acabé pagando 1500 baht por una habitación que en España hubiera encontrado incluso más barata, y seguramente más limpia y con muebles mejor cuidados es otra historia.

Te dejo algunas fotitos debajo, en sí el sitio no estaba mal, pero me esperaba más por esos más de 42 euros la noche que me costó un alojamiento que no incluía nada más que la habitación.

Lo mejor con diferencia: la cama. Lo peor: encontrarme una bola de pelo al lado de la misma nada más entrar en la habitación.

Lo mejor con diferencia: la cama. Lo peor: encontrarme una bola de pelo humano tamaño xxl al lado de la misma nada más entrar en la habitación.

El baño incluía jabón y toallas de sobra, algo que es de agradecer.

El baño incluía jabón y toallas de sobra, algo que es de agradecer.

Aunque no se alcanza a ver en la foto porque no caí en la cuenta de sacarle una de cerca, los muebles tenían señales evidentes de desgaste, dos de las lámparas no funcionaban y el ruido proveniente de la calle -inevitable en Bangkok- era ensordecedor a cualquier hora del día y de la noche. Un mínimo de insonorización se habría ganado toda mi gratitud.

Aunque no se alcanza a ver en la foto porque no caí en la cuenta de sacarle una de cerca, los muebles tenían señales evidentes de desgaste, dos de las lámparas no funcionaban y el ruido proveniente de la calle -inevitable en Bangkok- era ensordecedor a cualquier hora del día y de la noche. Un mínimo de insonorización en un hotel frente a una avenida de 4 carriles se habría ganado toda mi gratitud.

Con rapidez, el taxista me ayudó a bajar las maletas del coche. Saqué un billete de 1000 baht para pagar la carrera y esperé que me devolviera el cambio. Podría haber esperado hasta que me crecieran setas sobre los hombros, porque rápidamente se metió en el taxi, cerró la puerta y salió disparado invadiendo en el proceso la acera peatonal, por suerte sin mayor percance.

¿Estafa monumental? Para nada, peores historias he oído tanto sobre el país como dentro de mi tierra sobre estafas a turistas, pero desde entonces, antes de montarme en un taxi o tuk-tuk compruebo primero que tengo billetes pequeños, y siempre pago lo más ajustadamente posible.

Intento de consejo: quédate siempre con el número de licencia del taxista, que debe tener siempre a la vista. La primera chica tailandesa que conocí un par de días más tarde y con la que tuve la oportunidad de conocer mejor la zona norte del país me contó que es muy frecuente entre grupos de amigas sacarle una foto y mandársela a las demás por si pasa algo. Si tienes la más mínima sospecha probablemente te están estafando, confía en tu instinto, y que te vea sacarle la foto, para que se le quiten las ganas de hacerte la del a este le estafo que es farang, rico y gilipollas.

Cuidado con quien envidias, puedes acabar pareciéndote a él

He viajado por medio mundo y colaborado de manera activa en varios proyectos relacionados con la seducción -la de verdad, no la misoginia 2.0 que venden algunos- y la mejora de las habilidades sociales, y casi siempre se repite el mismo patrón en personas que se sienten insatisfechas con su vida: envidian la de otros o peor, idealizan la de alguien en concreto y la utilizan como modelo a seguir.

Algo me dice que esto no va a acabar bien.

Algo me dice que esto no va a acabar bien.

Ya se trate del pseudogurú de turno, tu celebridad favorita o el vecino ligoncete del cuarto, el error no consiste en admirar a alguien e intentar seguir sus pasos en aquellos aspectos de nuestra vida en los que nos sentimos incompletos, sino en construir una versión edulcorada de la vida de otra persona que solo existe en nuestra cabeza, y a partir de ahí intentar obtener lo mismo mediante la imitación.

¿Qué sucede cuando hacemos esto? Que solo visualizamos la meta y no el camino  que nos lleva a ella. Sin entrar a valorar lo ineficaz de este método, incluso aunque llegaras a conseguir lo que más deseas en tu fuero interno, ¿realmente lo disfrutarías? Lo más probable es que esa sensación de éxito te dure muy poco, y el bajón posterior te acabe empujando a convertirte en una persona que solo busca el placer inmediato, la efímera sensación de victoria que dura unas pocas horas, con suerte unos pocos días.

Y te pondré un ejemplo personal: cuando tenía 16 años, me obsesioné con una chica de mi instituto. No te voy a contar la típica historia del chico virgen e inseguro que nunca había ni mirado a una chica a los ojos porque no es así, pero este caso era diferente. Llegué a idealizarla de tal manera que me bloqueaba solo de pensar en como sería salir con ella. Incluso aunque llegara a enamorarse de mí, ¿qué tenía yo para ofrecerle? ¿Qué plan sería lo suficientemente bueno para ella? ¿Qué palabras elegir para representar la imagen mental que tenía sobre ella? Llegué a escribirle no una sino varias cartas en las que intentaba explicarle como la veía a través de mis ojos, sin caer en boberías romanticonas cursis y vacías. Pero nunca fuimos más allá, no me atreví a dar ningún paso en esa dirección. Meses después me enamoré de otra chica y ella de mí, fue mi roca durante los peores años de mi adolescencia y aunque la cosa acabó mal siempre la recordaré con cariño porque me ayudó a crecer como persona hasta límites insospechados.

Pero hoy, escribiendo estas líneas, vienen a mi mente recuerdos nítidos de aquella sensación de amor imposible que tenía entonces, y es ahora cuando soy capaz de entender qué falló.

Te imaginas de la mano de esa persona que te vuelve loco, ves una fotografía o contemplas un instante de la vida de alguien y tu mente proyecta una imagen de conjunto irreal. Identificas la persona con las sensaciones que crees que experimentan en todo momento, pero nada más lejos de la realidad. Todo el mundo tiene inseguridades, insatisfacciones y problemas. Tras lo que tú ves en la superficie se esconden circunstancias tan malas o peores de las que tú puedes estar atravesando.

Si pudieras tener el cerebro de Stephen Hawking dentro del cuerpo de Cristiano Ronaldo, con la cara de Zayn Malik y la cuenta bancaria de Amancio Ortega, seguramente lo tendrías todo más fácil pero, ¿puedes garantizar que alguno de ellos es completamente feliz? Quizás Cristiano Ronaldo lo sea, pero eso tiene más que ver con el hecho de que los estúpidos suelen ser más felices que la mayoría.

Y es que a eso se reduce todo: sentirse pleno, ser feliz. No te esfuerces en envidiar la vida de otros, porque ni podrás vivirla ni falta que te hace. Has nacido y crecido con una serie de fortalezas y debilidades, es eso lo que te hace ser quién eres. Vivir la vida de otra persona puede ser un alivio en muchos casos, pero dejarías de ser tú mismo en el proceso. Dejarías de existir, tan simple como eso.

Por contra, ¿no es más sano y más inteligente aprovechar lo bueno que tienes y esforzarte en cambiar todo aquello que no te llena? Y no me digas que es imposible, nadie es tan feo, tan gordo, tan estúpido o tan tímido como para no poder hacer nada más al respecto que sentirse un miserable el resto de su vida.

Te pido que me hagas un favor, y que te respondas en voz alta a esta pregunta. Piensa en lo peor que tienes, eso por lo que te sientes más inseguro. Si te fueras a morir mañana, ¿te importaría una puta mierda? Tener la nariz torcida, estarte quedando calvo, no saber hablar en público o no tener el valor necesario para decirle a esa persona lo que sientes, ¿te obligarían a quedarte encerrado en tu casa si fuera tu último día en este mundo?

Pues eso, cuidado con sentir envidia por cosas que vemos arañando únicamente la superficie e invierte en ti mismo, eso y viajar es lo único en lo que gastas dinero y te hace más rico.