Cómo me estafó un taxista tailandés

Bangkok, siete menos cuarto de la mañana. Una hora tan buena como cualquier otra para desembarcar en la capital tailandesa tras casi 8 horas encerrado en una avión proveniente de Abu Dhabi.

Una pijada la pantallita que te acompaña en todos los vuelos de Etihad Airways

Una pijada la pantallita que te acompaña en todos los vuelos de Etihad Airways.

Tras esperar alrededor de 25 minutos en una de las interminables colas de inmigración, el policía detrás del puesto me hace una señal con la cabeza para que me acerque, no sin antes ponerse una mascarilla blanca. Debió de verme cara de latinoamericano, porque en cuanto comprobó que era español se retiró la mascarilla y sonrió levemente.

Todo correcto, recojo mi maleta, me dirijo a la casa de cambio más cercana en el aeropuerto y convierto 100€ en 3.520 baht (el cambio a 01/12/2015 era de 35.2 baht por euro). No quiero ni pensar en el hecho de que el año pasado por estas fechas el cambio superaba los 39 baht por euro cambiado. Y según indican todos los expertos, el euro seguirá perdiendo valor a lo largo de todo el 2016. Mal momento para hacer turismo low-cost si tu cuenta bancaria se alimenta de la moneda única europea. El cambio siempre es algo más bajo en el aeropuerto, échale un vistazo a este artículo sobre el valor de las monedas y billetes tailandeses (se actualiza cada poco) para estar pendiente del cambio más reciente, tanto en dólares como en euros.

Pues bien, ni corto ni perezoso me dirijo a la parada de taxis, cojo número y pocos minutos después aparece un taxi de color rosa con un simpático conductor que no paró de hacerme preguntas durante todo el trayecto. Le dije que me dirigía al área de Ratchada, donde me encontraría con una amiga a la mañana siguiente. Entre que su inglés no era nada del otro mundo y que era mi tercer día sin dormir más allá de algunas pequeñas cabezadas en el avión, la comunicación prometía.

Uno igualito a ese fue el que me la metió doblada. Eso sí, todo sonrisas...

Uno igualito a ese fue el que me la metió doblada. Eso sí, todo sonrisas…

Por algún motivo, se partía de risa mientras le decía que no había planificado nada y que mi itinerario lo iría improvisando sobre la marcha. Viéndolo con perspectiva supongo que estaba saboreando lo que consideraba -con toda la razón- un negocio redondo. Y es que a pesar de preguntarle en varias ocasiones si conocía la zona y podía recomendarme una guesthouse barata para pasar unos días, empezó a dar vueltas buscando sin éxito algún alojamiento.

El taxímetro rozaba ya los 700 baht, que al cambio obtenido en el aeropuerto son unos 20 euros -una barbaridad para un taxi en Tailandia- cuando por fin se detuvo delante del primer sitio donde me alojé en el País de las Sonrisas, Park Residence, asegurando que era un sitio baratísimo y fiable. El como acabé pagando 1500 baht por una habitación que en España hubiera encontrado incluso más barata, y seguramente más limpia y con muebles mejor cuidados es otra historia.

Te dejo algunas fotitos debajo, en sí el sitio no estaba mal, pero me esperaba más por esos más de 42 euros la noche que me costó un alojamiento que no incluía nada más que la habitación.

Lo mejor con diferencia: la cama. Lo peor: encontrarme una bola de pelo al lado de la misma nada más entrar en la habitación.

Lo mejor con diferencia: la cama. Lo peor: encontrarme una bola de pelo humano tamaño xxl al lado de la misma nada más entrar en la habitación.

El baño incluía jabón y toallas de sobra, algo que es de agradecer.

El baño incluía jabón y toallas de sobra, algo que es de agradecer.

Aunque no se alcanza a ver en la foto porque no caí en la cuenta de sacarle una de cerca, los muebles tenían señales evidentes de desgaste, dos de las lámparas no funcionaban y el ruido proveniente de la calle -inevitable en Bangkok- era ensordecedor a cualquier hora del día y de la noche. Un mínimo de insonorización se habría ganado toda mi gratitud.

Aunque no se alcanza a ver en la foto porque no caí en la cuenta de sacarle una de cerca, los muebles tenían señales evidentes de desgaste, dos de las lámparas no funcionaban y el ruido proveniente de la calle -inevitable en Bangkok- era ensordecedor a cualquier hora del día y de la noche. Un mínimo de insonorización en un hotel frente a una avenida de 4 carriles se habría ganado toda mi gratitud.

Con rapidez, el taxista me ayudó a bajar las maletas del coche. Saqué un billete de 1000 baht para pagar la carrera y esperé que me devolviera el cambio. Podría haber esperado hasta que me crecieran setas sobre los hombros, porque rápidamente se metió en el taxi, cerró la puerta y salió disparado invadiendo en el proceso la acera peatonal, por suerte sin mayor percance.

¿Estafa monumental? Para nada, peores historias he oído tanto sobre el país como dentro de mi tierra sobre estafas a turistas, pero desde entonces, antes de montarme en un taxi o tuk-tuk compruebo primero que tengo billetes pequeños, y siempre pago lo más ajustadamente posible.

Intento de consejo: quédate siempre con el número de licencia del taxista, que debe tener siempre a la vista. La primera chica tailandesa que conocí un par de días más tarde y con la que tuve la oportunidad de conocer mejor la zona norte del país me contó que es muy frecuente entre grupos de amigas sacarle una foto y mandársela a las demás por si pasa algo. Si tienes la más mínima sospecha probablemente te están estafando, confía en tu instinto, y que te vea sacarle la foto, para que se le quiten las ganas de hacerte la del a este le estafo que es farang, rico y gilipollas.

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