Cambiar una vida para cambiar el mundo

¿Alguna vez te has parado a pensar en tu potencial para cambiar el mundo? No me refiero a imaginarte como el protagonista de una película de acción salvando el mundo del villano de turno, sino a analizarlo fríamente.

Si lo has hecho, seguramente ya te has dado cuenta de un secreto a voces: no puedes. Y no, que recicles tu basura no cuenta. La triste realidad es que, en un planeta habitado por más de 7.000 millones de personas, lo que la mayoría somos y seremos capaces de lograr en toda nuestra vida no tendrá un gran impacto en el mundo.

No es así como funcionan las cosas. Incluso las personas que sí tienen poder e influencia global, como podrían ser el presidente de Estados Unidos, la estrella pop del momento o tu actriz favorita, forman parte de un enorme engranaje de personas e intereses, lo que nos lleva de nuevo al punto de partida.

Yo sí podría cambiar el mundo, lo que pasa es que no me da la gana, que no te enteras papu.

Yo sí podría cambiar el mundo, lo que pasa es que no me da la gana.

Esto puede resultar desilusionante para algunos, para mí es todo lo contrario. Cuando dejas de mirar al cielo es cuando empiezas a fijarte en lo que hay en el suelo. Nos pasamos la vida pensando que estamos cerca de conseguir un cambio, que la oportunidad para demostrar de lo que somos capaces está a la vuelta de la esquina, y al final lo único que pasa es la vida.

La reflexión no es mandarlo todo a la mierda porque nada de lo que hagamos tendrá sentido, sino entender algo tan simple como esto: si cambias el mundo de una persona no cambias el mundo, pero estás cambiando un mundo.

Al estilo de Cadena de favores, pero mucho menos cutre.

Al más puro estilo Cadena de favores, pero menos cutre que la peli.

El acto tan simple y cotidiano de ayudar a alguien que lo necesita probablemente se nos olvidará pasados unos días, pero para la persona ese gesto puede tener un valor incalculable. Si pasáramos menos tiempo pensando en lo que podemos hacer para cambiar el mundo, y más tiempo haciendo cosas por la gente que tenemos a nuestro alrededor, probablemente nos iría un poco mejor a todos.

Las 5 cosas que todos echamos de menos antes de morir

Tenía este artículo en mi lista de pendientes desde hace muchísimo tiempo. Al tener una red de blogs bastante grande, me paso el tiempo recopilando información y fuentes interesantes para dedicarles un post en el futuro. Hoy he decidido rescatar del baúl de los recuerdos una extraordinaria lección de vida: aquellas 5 cosas que todos echamos de menos antes de morir.

Pero retrocedamos un poco, ¿de dónde surgen estos 5 puntos y por qué decido escribir sobre ello ahora? Todo empezó con un blog de una ex-enfermera llamada Bronnie Ware que trabajaba en la zona de cuidados paliativos de un hospital, y contaba su experiencia tras años y años acompañando enfermos durante sus últimas semanas de vida. Parece que con el tiempo ha reconducido su carrera, sustituyendo su blog de reflexiones por una web que lleva su nombre y en la que se dedica a ofrecer conferencias y vender libros de autoayuda, por lo que aquella valiosa información gratuita parece haberse perdido sobre una capa de marketing.

Afortunadamente, guardé en un archivo de Word aquellos 5 puntos que, según su experiencia, se repetían una y otra vez en forma de lamentos o arrepentimientos que les quedaban a las personas que cuidó durante la última etapa de su vida. Te los resumo y explico a continuación:

Hombre arrepentido

1- Me habría gustado tener la valentía de vivir la vida que realmente quería vivir, no la que otros esperaban de mí.

Según la enfermera, este lamento era el más común de todos, no entendía de edades ni de sexos. Cuando nos quedamos sin tiempo y echamos la vista atrás, nos damos cuenta de la enorme cantidad de sueños que nos quedaron por cumplir, y por supuesto de todas aquellas decisiones que tomamos no porque era lo que deseábamos, sino porque es lo que se espera de nosotros.

Elegir una determinada carrera, un trabajo, un lugar para vivir e incluso un estilo de vida con el que no estamos de acuerdo en nuestro fuero interno únicamente porque se supone que es lo que uno debe hacer, lo que tus padres, tu familia o la sociedad en su conjunto te dicta, es una de las peores sensaciones de arrepentimiento que podemos sentir en esta última etapa.

Ware reflexionaba al respecto diciendo que debemos cumplir todos los sueños que podamos, porque en el momento en el que la salud nos falla ya es demasiado tarde.

2- Me gustaría haber trabajado menos y haber disfrutado más.

Este lamento también se repetía insistentemente, especialmente en hombres. Se habían perdido la infancia de sus hijos, la compañía de sus esposas y un sinfín de cosas hermosas que la vida podía ofrecerles por estar centrados en su trabajo.

Al final de tu vida no son los ahorros lo que te llevas a la tumba, sino todo aquello que has vivido. Está bien pensar en los tuyos, en su bienestar presente y futuro, pero quizás sería bueno pararnos a reflexionar hasta que punto lo que hacemos es beneficioso para nosotros y nuestro entorno, y cuando es el momento adecuado para decir basta y ofrecernos la posibilidad de disfrutar de tiempo libre junto a los nuestros.

3- Desearía haber tenido el coraje suficiente para expresar de forma sincera mis sentimientos.

Es muy frecuente reprimir nuestros sentimientos, bien sea porque pensamos que nuestro entorno más cercano no los va aceptar o porque sabemos a ciencia cierta que será así.

Pero al final tu vida es tuya, de nadie más, e indudablemente es demasiado corta como para prohibirnos sentir y comportarnos como realmente queremos, porque cuando el tiempo se te esté acabando te darás cuenta de que tu propia vida te resulta ajena, vacía, carente de sentido. Solo hay una persona que indistintamente te acompañará desde el primero hasta el último de tus días, y esa persona eres tú. Quizás deberías dedicar algo más de tiempo a conocerte y a mimarte tal y como eres.

Incluso si tu familia, amigos o pareja no lo aceptan, el problema es suyo y no tuyo. Piensa si estás dispuesto a sacrificar lo que eres únicamente porque los demás piensan que deberías ser de otra manera.

4- Me gustaría no haber perdido el contacto con mis amigos.

Es en momentos como este cuando más nos acordamos de toda aquella gente que conocimos en el camino y nos marcaron para siempre. Decía Wave que una infinidad de sus pacientes ni siquiera pudieron despedirse de sus amigos por ser incapaz de localizarlos, el tiempo había pasado y acabaron perdiendo el contacto para siempre.

El ritmo de vida que vivimos, las obligaciones que tenemos -y creemos tener- acaban subiéndonos sobre un tren de vida que nos empuja en muchos casos a abandonar a nuestros seres queridos y personas cercanas a nosotros sin apenas darnos cuenta. Es bueno darse cuenta a tiempo y cuidar las relaciones que realmente nos importan, porque en última instancia cuando queramos arrepentirnos puede ser demasiado tarde.

5- Tendría que haberme permitido ser más feliz.

Al final, todo se resume en esta reflexión. Puede que no sea la más contundente, pero sin duda es la más intensa. La felicidad es una elección, un estilo de vida. Es buscarnos a nosotros mismos sin importar nada ni nadie.

En fotografías, en nuestras redes sociales, en nuestras reuniones con amigos y familia, perdemos el tiempo fingiendo una felicidad que no sentimos mientras impedimos que nuestros verdaderos sentimientos afloren y salgan a la luz. Permítete ser feliz, porque de lo contrario no serlo por elección propia sí hará que te arrepientas para siempre.

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Podría terminar con una reflexión personal al respecto, pero creo que en este caso las palabras sobran, se las dejo a otros que han vivido algo con lo que nadie quiere enfrentarse e indistintamente todos pasaremos. Hasta la próxima.

 

Cuidado con quien envidias, puedes acabar pareciéndote a él

He viajado por medio mundo y colaborado de manera activa en varios proyectos relacionados con la seducción -la de verdad, no la misoginia 2.0 que venden algunos- y la mejora de las habilidades sociales, y casi siempre se repite el mismo patrón en personas que se sienten insatisfechas con su vida: envidian la de otros o peor, idealizan la de alguien en concreto y la utilizan como modelo a seguir.

Algo me dice que esto no va a acabar bien.

Algo me dice que esto no va a acabar bien.

Ya se trate del pseudogurú de turno, tu celebridad favorita o el vecino ligoncete del cuarto, el error no consiste en admirar a alguien e intentar seguir sus pasos en aquellos aspectos de nuestra vida en los que nos sentimos incompletos, sino en construir una versión edulcorada de la vida de otra persona que solo existe en nuestra cabeza, y a partir de ahí intentar obtener lo mismo mediante la imitación.

¿Qué sucede cuando hacemos esto? Que solo visualizamos la meta y no el camino  que nos lleva a ella. Sin entrar a valorar lo ineficaz de este método, incluso aunque llegaras a conseguir lo que más deseas en tu fuero interno, ¿realmente lo disfrutarías? Lo más probable es que esa sensación de éxito te dure muy poco, y el bajón posterior te acabe empujando a convertirte en una persona que solo busca el placer inmediato, la efímera sensación de victoria que dura unas pocas horas, con suerte unos pocos días.

Y te pondré un ejemplo personal: cuando tenía 16 años, me obsesioné con una chica de mi instituto. No te voy a contar la típica historia del chico virgen e inseguro que nunca había ni mirado a una chica a los ojos porque no es así, pero este caso era diferente. Llegué a idealizarla de tal manera que me bloqueaba solo de pensar en como sería salir con ella. Incluso aunque llegara a enamorarse de mí, ¿qué tenía yo para ofrecerle? ¿Qué plan sería lo suficientemente bueno para ella? ¿Qué palabras elegir para representar la imagen mental que tenía sobre ella? Llegué a escribirle no una sino varias cartas en las que intentaba explicarle como la veía a través de mis ojos, sin caer en boberías romanticonas cursis y vacías. Pero nunca fuimos más allá, no me atreví a dar ningún paso en esa dirección. Meses después me enamoré de otra chica y ella de mí, fue mi roca durante los peores años de mi adolescencia y aunque la cosa acabó mal siempre la recordaré con cariño porque me ayudó a crecer como persona hasta límites insospechados.

Pero hoy, escribiendo estas líneas, vienen a mi mente recuerdos nítidos de aquella sensación de amor imposible que tenía entonces, y es ahora cuando soy capaz de entender qué falló.

Te imaginas de la mano de esa persona que te vuelve loco, ves una fotografía o contemplas un instante de la vida de alguien y tu mente proyecta una imagen de conjunto irreal. Identificas la persona con las sensaciones que crees que experimentan en todo momento, pero nada más lejos de la realidad. Todo el mundo tiene inseguridades, insatisfacciones y problemas. Tras lo que tú ves en la superficie se esconden circunstancias tan malas o peores de las que tú puedes estar atravesando.

Si pudieras tener el cerebro de Stephen Hawking dentro del cuerpo de Cristiano Ronaldo, con la cara de Zayn Malik y la cuenta bancaria de Amancio Ortega, seguramente lo tendrías todo más fácil pero, ¿puedes garantizar que alguno de ellos es completamente feliz? Quizás Cristiano Ronaldo lo sea, pero eso tiene más que ver con el hecho de que los estúpidos suelen ser más felices que la mayoría.

Y es que a eso se reduce todo: sentirse pleno, ser feliz. No te esfuerces en envidiar la vida de otros, porque ni podrás vivirla ni falta que te hace. Has nacido y crecido con una serie de fortalezas y debilidades, es eso lo que te hace ser quién eres. Vivir la vida de otra persona puede ser un alivio en muchos casos, pero dejarías de ser tú mismo en el proceso. Dejarías de existir, tan simple como eso.

Por contra, ¿no es más sano y más inteligente aprovechar lo bueno que tienes y esforzarte en cambiar todo aquello que no te llena? Y no me digas que es imposible, nadie es tan feo, tan gordo, tan estúpido o tan tímido como para no poder hacer nada más al respecto que sentirse un miserable el resto de su vida.

Te pido que me hagas un favor, y que te respondas en voz alta a esta pregunta. Piensa en lo peor que tienes, eso por lo que te sientes más inseguro. Si te fueras a morir mañana, ¿te importaría una puta mierda? Tener la nariz torcida, estarte quedando calvo, no saber hablar en público o no tener el valor necesario para decirle a esa persona lo que sientes, ¿te obligarían a quedarte encerrado en tu casa si fuera tu último día en este mundo?

Pues eso, cuidado con sentir envidia por cosas que vemos arañando únicamente la superficie e invierte en ti mismo, eso y viajar es lo único en lo que gastas dinero y te hace más rico.